
“You’ll heal the world”, susurró Michael junto a mi cama y se fue. Sí, era un simple sueño, pero esa mañana me levanté para salvar el mundo, para escuchar a la Tierra, para salvar la infancia de los niños y para hacer feliz a los demás. Propósitos que lucían en mi mente como luces de neón. Luces que jamás se apagarán.
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